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Por qué el ho'oponopono para sanar el niño interior cambió mi perspectiva

Por qué el ho'oponopono para sanar el niño interior cambió mi perspectiva

Había un viento de esos que levantan el polvo en el patio de mi casa aquí en Oaxaca cuando saqué el péndulo de mi abuela por primera vez después de mucho tiempo. Ella nunca lo llamó "trabajo", era solo lo que hacía por los vecinos entre que ponía los frijoles y barría la entrada. Pero yo, con el vacío que me dejó la partida de mi madre en 2021, sentía que las herramientas de antes ya no me alcanzaban para sostener el peso del silencio en las habitaciones. Antes de seguir, quiero decirte algo de hermana a hermana: este sitio tiene enlaces de afiliado. Si decides entrar a un programa por aquí, gano una comisión sin que te cueste un centavo más. Solo te hablo de lo que yo misma he caminado y pagado, porque aquí cuidamos el gasto como cuidamos el alma.

A fines de noviembre del año pasado, me encontré buscando algo que no fuera solo marketing disfrazado de luz. Ya me había gastado lo de dos semanas de mi trabajo en cursos que prometían "vibrar alto" y solo me dejaban la cartera baja. Estaba cansada de las recetas de cocina espiritual que ignoran el dolor de verdad. Fue ahí cuando me topé con la idea de aplicar el Ho'oponopono no para pedirle cosas al universo, sino para hablarle a esa niña que todavía esperaba que su mamá entrara por la puerta. No te creas que fue amor a primera vista; yo pensaba que eso de repetir frases era una forma de evadir la realidad, pero me equivoqué de cabo a rabo al juzgarlo antes de entender de qué raíz venía.

El encuentro con la sombra y las memorias heredadas

Primer plano de un cuaderno de cuero viejo y un péndulo de madera sobre mesa rústica.

Cuando comencé con el programa Jornada hacia el Alma — el camino para la Sanación Ancestral, lo hice con un ojo puesto en el contenido y otro en mi cuenta de ahorros. Matricularme me costó lo que me gano en unas tres semanas de trabajo intenso, así que no era una decisión que me tomara a la ligera. Lo que me detuvo fue entender que el Ho'oponopono no se trata de pensamiento positivo, sino de responsabilidad. Es un trabajo de sombra pesado. En la sanación ancestral, decimos que el niño interior es el que carga con las memorias no resueltas de todo el linaje, y eso es mucha carga para unos hombros tan pequeños.

A mediados de enero, me encontré en una crisis de esas que te dan ganas de cerrar la computadora y pedir un reembolso. El olor a copal rancio en la habitación de mi madre y el sonido de las cuentas de madera chocando en mi mano me ponían los nervios de punta. Pasé dos semanas repitiendo "te amo" mecánicamente mientras sentía un nudo de rabia en la garganta, creyendo que el método no servía para nada. ¿Cómo iba a amar este vacío? ¿Cómo iba a agradecer el abandono? Me preguntaba si estaba pagando por aprender lo que mi abuela hacía gratis en la cocina, o si finalmente estaba entendiendo por qué ella guardaba esos silencios tan largos mientras limpiaba a alguien con hierbas. Entendí que la técnica de los 4 mantras principales —lo siento, perdóname, te amo, gracias— no es para que el mundo cambie, sino para que tú dejes de pelear con lo que ya es.

Cuando el perdón se siente en el cuerpo

Resina de copal quemándose en un cuenco de barro pequeño con humo sutil.

Después de unas tres semanas de darle vueltas al mismo módulo, algo se rompió. No fue un rayo de luz celestial, fue más bien como cuando se destapa una cañería vieja. Estaba haciendo la meditación del tercer módulo sobre el linaje materno cuando sentí un calor repentino en el plexo solar que me hizo soltar el aire de golpe. Fue un impacto físico, no mental. Me di cuenta de que no le estaba hablando a una idea abstracta, sino a la niña que vio a su abuela sanar a medio pueblo pero que nunca se sintió sanada ella misma. En este camino de Ho'oponopono para sanar, comprendí que esas memorias no eran solo mías.

La epigenética conductual dice que el trauma puede viajar por 7 generaciones, y ahí fue donde el programa de Jornada hacia el Alma, que tiene una calificación de 5.0 por parte de los que lo hemos cursado, me dio la estructura que mi abuela nunca pudo explicarme con palabras. Ella tenía la práctica, pero yo necesitaba el puente para mi mente moderna que siempre quiere entender el porqué de las cosas. Sin embargo, hay que tener cuidado. Si tú has pasado por traumas muy pesados, como abusos severos en la infancia, el Ho'oponopono a veces puede sentirse como que te están echando la culpa de lo que te pasó al hablar de "responsabilidad total". Ojo ahí: yo no soy terapeuta, y si tu dolor es un pozo muy oscuro, busca primero a un psicólogo profesional. Estas herramientas son para acompañar el proceso, no para sustituir la ayuda clínica cuando hay heridas que requieren puntos de sutura profesionales.

Eligiendo la herramienta adecuada para tu momento

Manos sosteniendo cuentas de madera para oración con enfoque en la textura rústica.

Si estás en ese punto donde solo tienes curiosidad y no quieres meterte a lo hondo todavía, quizá el PASE AlmaSana sea mejor para ti. Es como comprar una entrada para una feria donde puedes probar varios puestos, a diferencia de la Jornada hacia el Alma, que es como comprometerse a sembrar y cosechar tu propio huerto. El Pase es más ligero, ideal para quien tiene poco tiempo o apenas está asomando la cabeza a este mundo. Pero si lo que buscas es sanar patrones familiares heredados de raíz, la inversión de tiempo y dinero en el programa completo vale cada hora de trabajo que me costó pagarlo.

Una tarde calurosa de mayo, me senté en el mismo patio donde empecé este viaje. El aire ya no traía ese polvo que me hacía estornudar de tristeza. Me di cuenta de que el Ho'oponopono para el niño interior no me devolvió a mi madre, pero sí me devolvió la capacidad de estar en su casa sin que las paredes me gritaran su ausencia. Ya no repito las frases como perico; las siento como quien prueba un mole bien hecho, con todos sus ingredientes integrados. Si sientes que llevas una mochila que no te pertenece, tal vez sea momento de sentarte a hablar con esa niña que fuiste. No es magia, es limpieza, y a veces limpiar la casa propia es el acto más revolucionario que podemos hacer por los que vienen detrás de nosotros. Si estás lista para ese compromiso, te recomiendo empezar por donde yo encontré orden: en la Jornada hacia el Alma, donde el perdón deja de ser una palabra bonita y se convierte en una herramienta de libertad.

Tenga en cuenta: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.

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