
Una tarde lluviosa de noviembre, mientras el olor a tierra mojada entraba por mi ventana aquí en Oaxaca, me encontré mirando el diploma de mi madre. Su ausencia todavía pesaba demasiado en las paredes de la casa, como un mueble viejo que nadie se atreve a mover. Ya sabes cómo somos por acá; guardamos el luto en los huesos. Pero ese día sentí que el duelo no se iba a ir solo con café y silencio.
Antes de seguir, hermana, te cuento algo importante: en este blog uso enlaces de afiliación. Si decides matricularte en alguno de los programas que menciono, yo gano una comisión, pero a ti no te cuesta ni un peso más. Solo hablo de lo que yo misma he probado y pagado con el sudor de mi frente. Mi intención es que no tires tu lana en cosas que son puro marketing, como me pasó a mí al principio.
Recuerdo a mi abuela moviendo el péndulo sobre la mesa de la cocina; para ella era pura intuición, algo que se traía en la sangre. Pero yo, que ya ando en los cuarenta y me he vuelto más de estructuras, necesitaba algo que me explicara el 'porqué'. Me pregunté si comprar la Certificación en Llama Trina era solo un capricho para no sentirme sola, o si realmente mi abuela me estaba guiando desde el otro lado a través del buscador de Google. Al final, me decidí. No es una transformación de cuento de hadas, es una herramienta, como un comal nuevo que hay que saber curar antes de usar.

¿Qué es eso de la Llama Trina y por qué me llamó la atención?
A ver, para no hacértelo largo: la Llama Trina se supone que vive en el chakra del corazón. Dicen que tiene 3 colores fundamentales —azul, dorado y rosa— que representan el equilibrio entre el poder, la sabiduría y el amor. Suena muy bonito en el papel, pero yo quería saber si eso servía para limpiar las tristezas que heredamos.
Después de las primeras tres semanas, me di cuenta de que el programa no era solo para 'sentirse bien'. Te enseñan protocolos para sanar hasta 7 generaciones de tu linaje ancestral. Eso me pegó fuerte. Pensar que lo que yo hiciera en mi sala, con mi laptop prendida, podía alcanzar a mi bisabuela que ni conocí, me dio un sentido de responsabilidad distinto. No te voy a mentir, el contraste entre el frío de la pantalla de mi laptop y el calorcito de mi taza de café de olla mientras repasaba los mudras de la llama era lo que me mantenía aterrizada.
Ojo aquí, que te lo digo como si estuviéramos sentadas en el patio: yo no soy doctora, ni psicóloga, ni curandera de pueblo con licencia. Soy una mujer que busca sanar. Si lo tuyo es algo de salud grave o una depresión que no te deja levantarte, por favor, ve con un profesional de la salud mental. Estos caminos energéticos son un complemento, no el hospital.

La economía de sanar: ¿Vale lo que cuesta?
Aquí es donde saco las cuentas de la cocina. La matriculación en la Sanación con Llama Trina me costó lo que me gano en unas tres semanas de trabajo duro. Para algunas será poco, para mí fue una inversión que dolió soltar al principio. Pero cuando comparas eso con pagar sesiones individuales con un terapeuta energético cada semana, la cuenta cambia. Es la diferencia entre comprarte las tortillas hechas o aprender a nixtamalizar y hacerlas tú en casa.
La autogestión de la sanación requiere que le inviertas mucho más tiempo al principio. Tienes que estudiar, repetir, equivocarte. Por ejemplo, durante los días de la pasada cuaresma, intenté forzar una visualización del rayo azul durante una hora, pero solo logré que me diera un dolor de cabeza por la tensión de 'querer hacerlo perfecto'. Ahí aprendí que esto no se trata de fuerza, sino de soltar. Si no tienes tiempo o paciencia para ser tu propia guía, mejor ni le entres y ahorra para que alguien más te haga las sesiones.
Si estás buscando algo más profundo y tienes un poco más de presupuesto (digamos, el equivalente a un mes de renta o un viaje corto), yo te diría que miraras la Jornada hacia el Alma. Es un programa más robusto para sanar heridas familiares, pero requiere que estés dispuesta a llorar lo que no has llorado en años. Si solo quieres empezar a armonizar tu casa, la Llama Trina está perfecta.

Mi momento de 'esto sí funciona'
Fue un par de mañanas de mayo cuando sentí el cambio real. Estaba terminando una de las meditaciones de linaje y sentí una punzada eléctrica en la palma de mi mano derecha, algo que no sentía desde que era niña y veía a mi abuela trabajar. No fue un rayo cayendo del cielo, fue una certeza física de que algo se estaba moviendo.
Empecé a notar que el ambiente en mi sala se sentía más ligero, como si el aire mismo hubiera pasado por una limpia sin necesidad de copal. Ya no sentía que el diploma de mi mamá me reclamara nada; ahora lo veía y sentía que ella estaba bien donde quiera que esté. El programa tiene una calificación máxima de 5.0 en Hotmart por algo; la gente realmente siente ese alivio en lo cotidiano. Pero de nuevo, no es magia; es dedicarle la hora diaria aunque tengas flojera.
Si lo que buscas es algo más rápido para el día a día, como una aspirina espiritual, tal vez te sirva más el Ho'oponopono para Sanar. Es más sencillo de aplicar si vas a mil por hora, aunque no profundiza tanto en el linaje como la certificación de la Llama.

Comparando herramientas para el alma
Para que no te hagas bolas, aquí te pongo cómo veo yo estos programas según lo que necesites en este momento de tu vida. No todos sirven para lo mismo, igual que no usas la misma hierba para un dolor de panza que para un susto.
La Certificación en Llama Trina es para la mujer que quiere estructura y un método que pueda repetir en casa siempre que sienta que la energía se estanca. Es ideal si te gusta la simbología de los colores y los arcángeles. Por otro lado, la Jornada hacia el Alma es para quien ya decidió abrir la caja de los recuerdos y sanar el árbol genealógico de raíz; es más caro y más pesado emocionalmente, pero muy efectivo.
Si eres de las que no les gusta mucho lo religioso o lo muy esotérico, el Curso sobre Mística Espontánea puede ser un buen puente, aunque a veces se siente un poco abstracto. Y si de plano solo quieres probar de qué trata todo esto sin gastar mucho, el PASE AlmaSana es como una probadita de varios temas, aunque no esperes la profundidad de una certificación completa.

Reflexiones finales: Mi casa ya no es un museo
Hoy, a mediados de junio, puedo decirte que no me convertí en curandera de la noche a la mañana. Sigo siendo la misma mujer que va al mercado y se queja del precio del jitomate. Pero mi casa se siente como un refugio y no como un museo de lo que perdí en 2021. Eso, para mí, vale cada hora que pasé frente a la pantalla.
Si sientes que es tu momento de tomar las riendas de tu propia sanación, te recomiendo que empieces por algo que resuene con tu corazón. Si te llama la atención el equilibrio y quieres algo práctico para tu hogar, dale una oportunidad a la Certificación en Llama Trina. Aprender a sanar una misma es un camino largo, pero te aseguro que es mejor que quedarse sentada esperando a que el tiempo lo cure todo. ¡Ánimo, que las abuelas nos cuidan el paso!
Si quieres leer más sobre cómo elegir estos caminos sin perderte, date una vuelta por mi artículo sobre cómo elegir cursos de sanación energética que realmente funcionan bien o mira lo que escribí sobre cómo honrar a los ancestros durante el duelo.