
El diploma de mi mamá sigue colgado un poco chueco en la pared de la sala, y llevo meses sin enderezarlo.
Antes de seguir, te aviso algo, hermana: en este blog uso enlaces de afiliación, y si te matriculas en alguno de los programas que menciono aquí, yo gano una comisión sin que a ti te cueste ni un peso extra. Nomás hablo de lo que ya probé y pagué con mi propio esfuerzo, para que no gastes tu lana en puro relumbrón de marketing, como me pasó a mí al principio.
Mi abuela movía el péndulo sobre la mesa de la cocina sin llamarlo "trabajo", nomás lo hacía, como quien pone a hervir el café. A mí, que ya ando en los cuarenta y necesito que las cosas tengan un método explicado, no me bastaba con la intuición que ella traía de nacimiento. Por eso, cuando llevaba casi dos años cargando el duelo de mi mamá sin soltarlo del todo, decidí meterme a la Certificación en Llama Trina, mi primer paso serio hacia la sanación ancestral, más como quien prueba una herramienta nueva que como quien espera un milagro.

¿Qué promete sanar la certificación en Llama Trina, exactamente?
La Llama Trina, según enseña el programa, vive en el chakra del corazón y se sostiene en tres colores — azul, dorado y rosa — que representan poder, sabiduría y amor. Bonito en el papel. Lo que a mí me importaba era otra cosa: si eso servía para mover las tristezas que se heredan sin que nadie las pida.
Te enseñan protocolos pensados para alcanzar hasta siete generaciones atrás en tu linaje, y eso me pegó fuerte: pensar que algo hecho desde mi sala, con la laptop prendida, podía tocar a una bisabuela que ni conocí me cambió la manera de tomarme la práctica en serio. Si lo pienso bien, la limpia ritual de toda la vida es la base que esta certificación no inventa, nomás la ordena y le pone protocolo; ahí está su valor real, más que en la simbología de colores. La Jornada hacia el Alma, en cambio, trabaja directamente la sanación de linaje, ese trabajo de varias generaciones que en Llama Trina apenas se roza.
Aclaro algo, sentadas aquí como si fuéramos hermanas: no soy doctora, ni psicóloga, ni curandera con cédula profesional. Soy una mujer que anda buscando sanar, nada más. Si lo tuyo es un tema de salud serio o una depresión que no te deja levantarte de la cama, ve primero con un profesional de salud mental — estos caminos son complemento, nunca reemplazo del consultorio.

Los números de la cocina: lo que realmente cuesta matricularse
Aquí saco la calculadora de la cocina, no la de Excel. Matricularme en la Sanación con Llama Trina significó, calculado en mis propias horas de trabajo, algo parecido a un mes de despensa completa. Para otra persona puede ser una cantidad chica; para mí dolió soltarla. Pero comparado con pagar sesiones semanales con un terapeuta energético durante meses, la cuenta cambia — es la diferencia entre comprar las tortillas ya hechas o aprender a nixtamalizar y hacerlas una misma.
La autogestión pide tiempo antes que dinero: hay que estudiar, repetir, equivocarse. Durante el segundo año me tropecé feo — quise forzar una limpia completa de linaje en una sola sesión, apurada porque sentía que ya llevaba suficiente tiempo estudiando, y lo único que saqué fue dolor de cabeza y la sensación de empujar una puerta que no quería abrirse todavía. Ahí aprendí que esto no se apura, se acompaña.
En el grupo de WhatsApp de la Jornada hacia el Alma conocí a Tránsito Huerta, de Ejutla de Crespo, vecina de sierra a sierra aunque nunca nos hemos visto en persona — ella no se fía de ningún módulo que dure menos de ocho horas completas, y tiene razón: ese programa pide un presupuesto más grande, cercano a varias semanas de renta, además de que exige que estés dispuesta a llorar lo que no has llorado en años. Si solo quieres empezar a poner orden en tu casa, la Llama Trina alcanza.

La señal que no esperaba
Antes de la certificación pasé varios meses metida en un grupo de Facebook de meditación que nomás compartía memes de frases bonitas — nada que tocara lo que yo cargaba de verdad, puro empapelado de buenas vibras. Con la Llama Trina fue distinto.
Para la sexta semana, le leí el péndulo a mi vecina por primera vez desde que había empezado el programa, y algo se sintió distinto al tiro: las manos quietas, sin el temblorcito de antes. No fue un rayo del cielo ni nada de película, fue una certeza física, del tipo que ya había visto en mi abuela y ahora reconocía en mí.
El ambiente en mi sala también cambió: un bienestar emocional que no tenía nada de material, como si el aire ya cargara ese aroma dulce y ahumado del copal enfriándose, aunque no hubiera encendido ninguno esa tarde. El programa mantiene una calificación de 5.0 en Hotmart, y entiendo por qué: la gente sí siente ese alivio cotidiano. Pero no es magia, es la hora diaria aunque tengas flojera. El Ho'oponopono para Sanar trabaja la integración del duelo desde otro ángulo, si lo tuyo es algo más breve para el día a día — más de repetición constante que de ceremonia.

Cómo elegir entre estas herramientas según tu momento
No te creas que me resultó fácil admitir esto: los primeros meses pensé que comprar una certificación con diploma era como hacer trampa, que lo único legítimo era lo que hace doña Refugio con sus manos en el mercado, sin papel de por medio. Dos años después pienso distinto — el papel no reemplaza el don, pero sí da un método para los días en que el don no se presenta solo.
Doña Refugio, a la que toda la vida le hemos dicho doña Cuca, siempre tiene la hierba que bajó esa misma mañana de la milpa de algún vecino, y eso ninguna plataforma en línea lo ofrece. Pero si necesitas un método que puedas repetir tú sola en casa cada vez que sientas la energía estancada, la Certificación en Llama Trina te da esa estructura, sobre todo si te gusta la simbología de colores y arcángeles. La Jornada hacia el Alma es para quien ya decidió abrir la caja de los recuerdos y sanar el árbol genealógico por completo — más cara, más pesada, pero efectiva.
¿Qué onda con quien no es de lo religioso ni lo esotérico? Para esas lectoras, el Curso sobre Mística Espontánea puede ser un puente — habla de esos momentos sagrados que aparecen solos, sin ceremonia ni fecha marcada en el calendario, algo que a mí me costó años reconocer sin ponerle nombre religioso, aunque a veces se siente abstracto. Y si solo quieres probar de qué va todo esto sin comprometerte de lleno, el PASE AlmaSana funciona como una probadita, aunque no esperes la profundidad de una certificación completa. Vale la pena distinguir, de paso, que no todas estas modalidades hacen lo mismo, aunque el mercadeo en línea las mezcle como si fueran intercambiables — y con los años he aprendido que se complementan mejor de lo que compiten entre ellas.

Mi casa dejó de ser un museo
No me convertí en curandera de la noche a la mañana, y sigo siendo la misma que se queja del precio del jitomate en el mercado. Pero la casa ya se siente como refugio y no como un museo de lo que perdí en 2021. Eso vale cada hora que le dediqué frente a la pantalla.
Si sientes que es tu momento de tomar las riendas de tu propia sanación, arranca por algo que resuene con lo que traes cargando. Si te llama el equilibrio y quieres algo práctico para la espiritualidad de tu hogar, dale una oportunidad a la Certificación en Llama Trina. Aprender a sanar una misma es un camino largo, pero mejor eso que quedarte sentada esperando a que el tiempo lo resuelva solo. Ánimo, que las abuelas nos cuidan el paso.
Para no perderte entre tantos caminos, date una vuelta por lo que escribí sobre cómo elegir cursos de sanación energética que realmente funcionan bien o revisa cómo honrar a los ancestros durante el duelo.