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Cómo honrar a los ancestros durante el duelo tras perder a una madre

Duelo materno y sanación ancestral: altar con fotografías para honrar a la madre

Tres fotografías de mi madre andaban regadas por la casa antes de que se me ocurriera juntarlas en un solo lugar: una en la cocina, otra en mi buró, la última metida en un cajón porque no aguantaba verla todos los días. Ese gesto tan simple, poner las tres juntas frente a una vela, fue lo que de verdad empezó mi trabajo de sanación ancestral, más que cualquier módulo de video que pagué después de que ella se fue. El duelo materno no avisa cuándo llega la parte dura; a mí me llegó meses después del funeral, cuando ya se suponía que debía andar "mejor".

El curso de "sanación ancestral" que nunca mencionó el linaje

Curso de sanación ancestral en línea junto a un sahumador de barro, contraste de rituales mexicanos

De los programas que tomé por Hotmart en estos años, el que más rápido abandoné se vendía como sanación ancestral pero por dentro era puro contenido de ley de atracción. Prometía soltar heridas profundas hablando de abundancia y frecuencias, y en todas esas horas de video no mencionaron ni una sola vez de dónde venía yo, ni de quién. Pagué lo que me cuesta ganar en un mes completo de trabajo y terminé sintiendo que le hablaba a un pizarrón, no a mi sangre. Pensé, al principio, que cualquier curso servía igual sin importar en qué momento del duelo estuviera una mujer, y ahí me equivoqué: elegir un curso de sanación ancestral no pesa lo mismo cuando llevas semanas cargando el luto que cuando ya llevas años acomodándolo, y ese programa estaba hecho para quien ya trae resuelto lo básico, no para quien todavía no puede ni nombrar lo que siente.

Doña Cuca, que despacha hierbas en el mercado de San Agustín desde antes de que yo naciera, fue quien me hizo ver eso sin decírmelo directo. Ella nunca dice las cosas de frente, siempre da vueltas, pero luego resulta que atinó. Le pregunté por copal esa semana y me contestó, sin mirarme del todo, que "a veces lo que no avanza no es una persona sola, es toda la fila detrás de ella". No entendí bien qué quiso decir hasta días después, ya sentada frente al altar que armé en mi propia cocina.

Lo que carga una cuando trabaja con la memoria de sus ancestros

Ofrenda con los cuatro elementos para el duelo materno en rituales mexicanos

La memoria ancestral no es, como algunos cursos la venden, un archivo místico flotando en el aire esperando a que lo conectes. Es más simple y más terca que eso: son los gestos que se repiten sin que nadie los enseñe a propósito, la forma de guardar silencio ante el dolor, la manera de amasar o de rezar que una hace igual que su abuela sin haberlo practicado nunca a propósito. Cuando honro a mi madre en un altar no estoy invocando nada lejano, estoy poniendo atención a lo que ya traigo caminando en el cuerpo: su forma de picar la cebolla, su manera de tararear cuando andaba brava. Trabajar con la memoria ancestral es reconocer que el duelo también se hereda, y que una puede decidir qué parte de esa herencia se queda y cuál se suelta.

Para las fiestas de noviembre armé un altar completo, con los siete niveles que se ponían en mi pueblo — de esos rituales mexicanos que uno aprende sin darse cuenta — para ayudar al alma a cruzar el Mictlán. No lo hice como tarea de ningún curso, sino como quien prepara algo de comer para alguien que llega de un viaje largo: agua para la sed del camino, tierra en forma de frutos, papel picado para el aire, veladoras para el fuego.

Prendí el copal esa tarde frente a las fotos de mi madre, y sentí que algo que llevaba amarrado al pecho, sin nombre, por fin cedía un poco. Para la quinta semana de sentarme ahí cada tarde con las mismas fotos, ya no me costaba tanto nombrar lo que sentía sin que se me cerrara la garganta — no fue una revelación de golpe, fue más bien que el cuerpo se acostumbró a no evitar la mesa.

La cocina donde armé todo tiene una ventana con un papel de china amarillo que mi madre pegó ahí hace años para tapar una rajadura en el vidrio, y esa tarde la luz entraba teñida de ese mismo amarillo sobre las fotos, como si ella también hubiera puesto algo de su mano en el altar.

Validar las sombras antes de perdonar cualquier cosa

Fotografías de madre y abuela en un altar de memoria ancestral durante el duelo

Aquí me pongo un poco seria, y aviso que puede sonar fuerte: honrar a una madre no obliga a perdonarle cada herida que dejó en vida. Mi madre tenía luz, pero también sombras que me marcaron, y pasé meses sintiéndome culpable por cargar rabia en medio del luto. Para mí el duelo materno nunca fue un problema por resolver con la técnica correcta, sino la puerta por la que entré de lleno al trabajo con mis ancestros, y esa diferencia cambió cómo me senté frente al altar.

De eso hablé varias veces con Tránsito Huerta, compañera del programa Jornada hacia el Alma, que trabaja justamente la sanación del linaje femenino. Nos encontramos en el grupo de WhatsApp del curso y con el tiempo descubrimos que somos vecinas de sierra a sierra, aunque nunca nos hemos visto en persona — ella es de Ejutla de Crespo. Su familia lleva tres generaciones haciendo limpias sin haberlo llamado nunca "práctica", y a ella el programa le sirvió porque ya venía de una casa acostumbrada a nombrar estas cosas; a una mujer que apenas empieza a asomarse al duelo, capaz que el mismo curso se le haga demasiado de golpe.

El trabajo de Tránsito no es igual a una limpia con llama trina, que es otra herramienta distinta para otro momento del proceso, ni tampoco reemplaza un trabajo de hooponopono. Son modalidades distintas aunque algún curso las mezcle todas en el mismo paquete para vender más. Lo uno complementa lo otro, no lo sustituye, algo que entendí después de cruzar estas prácticas con mi propio proceso. Si quieres ver cómo comparo estos caminos con más detalle, hace tiempo escribí sobre Ho'oponopono vs Sanación Ancestral para soltar traumas del pasado, porque no todos los duelos piden la misma herramienta.

Quiero ser clara en algo, hermana: no soy psicóloga ni curandera de oficio, apenas una mujer que ha caminado esto y que sabe que cuando el dolor se vuelve una piedra en el zapato que no deja avanzar, hay que buscar ayuda profesional. La sanación ancestral acompaña el bienestar emocional, no reemplaza una terapia, y prender copal no le cambia la química a nadie por sí solo.

El duelo materno como parte de la rutina, no como curso con fecha de cierre

Manos colocando pétalos de cempasúchil, ritual mexicano para el bienestar emocional

El duelo no se cierra como una puerta, se integra como una cicatriz que avisa cuando cambia el clima. En la tradición oaxaqueña la flor de cempasúchil guía a las almas con su aroma, pero lo que de verdad las guía, para mí, es no olvidarlas en lo cotidiano: cuando el sazón de la comida me sale igual al de ella, o cuando subo al Cerro del Fortín una tarde solo para caminar y termino hablándole en voz baja como si fuera a cruzarme con ella en la siguiente vuelta del camino.

A esos instantes donde lo sagrado se cuela sin que una lo llame, sin vela ni ritual armado, algunas le dicen mística espontánea, y a mí me parece más honesto que cualquier portal prometido en un curso de tres módulos.

Si algo puedo dejarte después de este tramo es esto: no busques la técnica perfecta para honrar a tu madre, busca la que te obligue a sentarte de verdad frente a lo que sientes, aunque sean diez minutos con una foto y una vela sin guion de nadie. Esa fue la diferencia entre los cursos que se quedaron en mi bandeja de "comprado" sin abrir de nuevo, y el altar que sigo armando cada noviembre sin que nadie me lo pida.

Tenga en cuenta: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.

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