
Una tarde gris de finales del año pasado, me quedé mirando el vapor que salía de mi taza en la cocina, buscando ese olor a café con canela que siempre inundaba la casa cuando mamá estaba. No lo encontré. Lo que hallé fue un silencio que pesaba en los hombros como un rebozo de plomo. Desde que ella se fue en 2021, he andado buscando algo que me ayude a acomodar este vacío, porque aunque crecí viendo a mi abuela hacer limpias y pasar el péndulo a media colonia allá en nuestro pueblo cerca de Oaxaca, el dolor propio no se quita solo con copal. Antes de seguir, hermana, déjame decirte algo: este sitio usa enlaces de afiliación. Si decides matricularte en alguno de los programas que menciono, gano una comisión sin que a ti te cueste un peso más. Solo te hablo de lo que yo misma he probado y pagado con el sudor de mi frente, porque mi palabra no tiene precio pero mi tiempo sí. Puedes leer toda la transparencia aquí.
No soy curandera ni tengo un título de terapeuta colgado en la pared. Soy una mujer que, tras la muerte de su madre, se gastó sus ahorros en tres programas diferentes de sanación ancestral en Hotmart buscando respuestas. Al principio, te soy franca, me sentía como si estuviera tirando el dinero en el marketing de otros. Me costó entender que sanar no es un evento mágico, sino una labor de hormiga. A mediados de enero, cuando el frío todavía se colaba por las rendijas de las ventanas, me topé con Ho'oponopono para Sanar. Al ver la página de venta, mi primera reacción fue de puro escepticismo. Pensé que era otra de esas modas 'new age' para gente que no quiere ensuciarse las manos con la tierra, pero algo en la sencillez de la propuesta me hizo clic en el bolsillo. La matrícula me costó lo que gano en poco menos de una semana de trabajo intenso, una inversión que me pareció justa comparada con lo que me gasto en un mercado grande para la familia.
El Ho'oponopono es una técnica de origen hawaiano que, aunque suena ajena a nuestras raíces oaxaqueñas, tiene una lógica que mi abuela hubiera aprobado: la responsabilidad total de lo que uno siente. Se basa en 4 frases principales que son como un mantra: 'Lo siento, perdóname, gracias, te amo'. Al principio, me sentí ridícula repitiéndolas. Después de las primeras tres semanas, me encontré en un momento de crisis. Estaba tratando de forzar una epifanía emocional, quería que el cielo se abriera y me quitara la tristeza de un plumazo. Terminé llorando de pura frustración en el piso de la sala porque sentía que nada estaba cambiando, que era otra compra inútil. Ahí fue cuando entendí que estaba equivocada: el Ho'oponopono no es un interruptor de luz, es una gota de agua que va labrando la piedra.
Una tarde de lluvia en abril, mientras ordenaba el cuarto que fue de mamá, encontré un collar de cuentas de madera que ella usaba mucho. Al rozar las cuentas con los dedos, empecé a susurrar las frases. 'Lo siento por cargar este rencor, perdóname por no saber soltar, gracias por lo que me diste, te amo por siempre'. En ese momento, sentí un calor repentino en el centro del pecho, justo donde tenía ese nudo apretado desde el funeral. No fue un milagro de televisión, fue un alivio físico, como si por fin me hubiera quitado unos zapatos que me quedaban chicos. Si tú estás pasando por algo así, por favor recuerda que yo no soy médico ni profesional de la salud mental; si el pozo es muy profundo, busca a un psicólogo de verdad, que estas herramientas son para acompañar el camino, no para sustituir la medicina.
Hay algo que casi nadie te dice sobre estos programas y es el ángulo del cuidador. Si te tocó cuidar a un familiar enfermo terminal, como me pasó a mí, el Ho'oponopono estándar a veces se queda corto porque ignora que estás muerta de cansancio. No puedes pedirle a alguien que no ha dormido en tres noches que haga un proceso emocional profundo sin antes reconocer que su cuerpo está en modo de supervivencia. Por eso me gustó este curso, porque no te pide que seas una santa, te pide que seas honesta con tu cansancio. A diferencia de otros programas más densos como Jornada hacia el Alma, que es una maravilla pero requiere que te sientes a estudiar y procesar linajes por horas, el Ho'oponopono es algo que puedes hacer mientras lavas los trastes o esperas el camión. Si tienes poco tiempo y el presupuesto ajustado, empieza por lo simple.
Comparando las herramientas, te diría que el programa de Ho'oponopono es como un té de manzanilla para el alma: sirve para casi todo lo que arde por dentro y es fácil de digerir. En cambio, la sanación ancestral profunda es como una cirugía; duele más y toma más tiempo recuperarse. Yo pasé por los dos. En mi segundo año de búsqueda, me di cuenta de que había juzgado mal la 'simplicidad' de estas frases. Creía que por ser baratas y cortas no tenían poder, y qué equivocada estaba. A veces, lo que más necesitamos no es un ritual de tres horas con velas y sahumerio, sino la humildad de decir 'perdóname' a nuestra propia sombra.
Si te da miedo que esto sea una estafa, recuerda que casi todo en Hotmart tiene 7 días de garantía estándar. Yo misma he pedido reembolsos de cursos que sentía que eran puro humo, pero este se quedó conmigo. No esperes cambios clínicos ni que la ansiedad desaparezca por arte de magia; consulta a tu médico si sientes que el pecho te oprime por angustia. Lo que sí te puedo decir es que, desde que integré esta práctica, mi relación con el recuerdo de mamá cambió. Ya no la busco solo en el dolor de su ausencia, sino en la gratitud de lo que dejó. Es un trabajo de todos los días, como barrer el patio. No se acaba nunca, pero cada vez hay menos basura que estorbe el paso.
Para las que están en ese punto donde el dinero no sobra y el corazón duele, mi consejo es que no se vuelvan locas comprando todo lo que brilla en internet. Si sientes que tu duelo está estancado en la culpa, el Ho'oponopono para Sanar es una inversión decente que no te va a dejar sin comer un mes. Es una herramienta práctica, sin tanta vuelta, para gente que vive en el mundo real. Si buscas algo más estructurado y tienes el espacio mental para meterte de lleno en tu árbol genealógico, entonces ahorra un poco más para la Jornada hacia el Alma, que es lo que yo hice después para terminar de amarrar lo que empecé con las cuatro frases. Al final, hermana, lo importante es que no te quedes sentada en la oscuridad esperando que alguien más prenda la luz.