
Tengo la libreta de linaje abierta sobre la mesa cuando llega la nota de voz de Natividad, mi lectora de Puebla, de esas largas que manda cuando algo la mueve: quiere saber si el duelo se trabaja igual desde una pantalla que en un retiro de fin de semana en la sierra. Le contesto que la sanación ancestral no se mide por el paisaje, sino por si tocas la herida o la rodeas, y que este año elegí seguir con la Jornada hacia el Alma como ejercicio de crecimiento personal y bienestar en casa, sin subirme a esa combi.
Antes de seguir, toda la claridad de una vez: este sitio usa enlaces de afiliación, y si te matriculas a través de ellos yo gano una comisión sin que a ti te cueste un peso extra, porque solo hablo de programas que pagué con mis propios ahorros. No soy curandera ni psicóloga; soy una mujer que aprendió de niña viendo a su abuela hacer limpias, y llevo casi cinco años buscando en lo ancestral una forma de acompañar el duelo. Si tu malestar es de los que no te dejan ni levantarte de la cama, esto no reemplaza a un profesional de salud mental.
¿Qué pesa más en el bolsillo: el retiro presencial o el proceso en casa?
El retiro que me ofrecían este año en la sierra costaba, más o menos, lo que gano en un mes completo de trabajo en el pueblo. Súmale el pasaje, las comidas que nunca vienen incluidas y los encargos que se quedan sin atender mientras una no está, y la cuenta se dispara. Matricularme en un programa digital, en cambio, representa algo parecido a dos semanas de despensa fuerte para la casa. Para una economía de mesa de cocina esa diferencia no es solo dinero: es no pasar el resto del mes apretada por ir a buscar una revelación fuera de mi código postal.
Quedarme en casa no es de floja, no te creas. A mis cuarenta y tantos entendí que los problemas no se quedan esperando en la puerta cuando una se va de viaje, se suben a la maleta igual. La Jornada me deja integrar el trabajo con mis ancestros mientras espero a que hierva el agua o mientras el pueblo descansa, y sanar en el mismo lugar donde lavas los trastes y pagas la luz tiene una fuerza que ningún hotel con jardín te da, porque ahí es exactamente donde la herida duele y donde necesita cerrar.

El linaje que pesa más que cualquier equipaje
Prendo el copal en mi cuarto de trabajo en San Agustín Etla, el que tiene ese vitral de colores frente al altar, y pongo dos fotos de mi mamá donde siempre puedo verlas. La primera vez que hice completo ese ejercicio dentro de la Jornada hacia el Alma, algo se aflojó por dentro que no supe nombrar hasta días después: no fue un alivio instantáneo, fue más como soltar un nudo que llevaba años apretando sin darme cuenta. Ese trabajo de honrar a los que ya no están merece su propio espacio, lo desarrollo aparte en otro texto sobre cómo honrar a los ancestros cuando pierdes a tu madre, porque aquí solo quiero que entiendas por qué pesa distinto.
Antes de encontrar cualquier programa, fui tres veces con una psicóloga particular esperando hablar del duelo por mi mamá, y las tres veces la conversación se fue hacia otro lado, el trabajo, el insomnio, la ansiedad general, sin tocar nunca el fondo del asunto. No fue mala psicóloga; simplemente no era el espacio para lo que yo necesitaba nombrar. Ahí entendí que buscaba algo distinto: un lugar donde el duelo no fuera un síntoma más de la lista, sino el punto de partida.
Una vez quise adelantar el segundo módulo en un solo tirón, como quien se echa un café doble para llegar a la entrega. Error garrafal: terminé con un dolor de cabeza que ni el péndulo sobre la mesa me quitó. Ahí entendí, al tiro, que el programa está armado por etapas justamente para que una no se quiebre tratando de correr una carrera que no es de velocidad.

Un programa de 21 días me prometió demasiado
Antes de la Jornada, mi primer intento serio con lo ancestral fue un curso que prometía sanar el linaje completo en 21 días, con un calendario tan apretado como el de una dieta militar. Lo seguí al pie de la letra, convencida de que la sanación funciona como microondas: le pones tiempo y sale lista. Lo que saqué fue lo contrario, remover recuerdos de golpe sin ningún espacio para digerirlos, y terminar el ciclo más irritable que cuando empecé, con la sensación de haber abierto cajones que nadie me ayudó a acomodar. Aprendí, a la mala, que si un programa te vende una fecha de caducidad para tu duelo, no te está cuidando, te está vendiendo un calendario.
¿En qué se diferencia esto del Ho'oponopono?
No es como el Ho'oponopono para Sanar, que es una práctica mucho más amable, de esas que puedes hacer en el camión o haciendo fila en el banco. La Jornada es como arar la tierra: cansa, te ensucia las manos, pero lo que siembras ahí tiene raíces profundas. Si buscas algo para soltar el estrés del día sin meterte en el drama familiar, el Ho'oponopono te sirve mejor; si quieres entender por qué siempre terminas eligiendo el mismo tipo de problema, la Jornada es el clavo que sí entra en la madera. Ninguna de las dos es una versión reducida de la otra, son modalidades distintas con objetivos distintos, y en otro texto dejo armado un glosario completo para no confundirlas.
Confieso que hace un par de años pensaba que el Ho'oponopono era casi un juego, cuatro frases bonitas para repetir en la regadera. Me equivoqué feo. Vi de cerca cómo esas frases limpian el ruido mental cuando una está a punto de explotar, pero para el duelo de mi mamá necesitaba algo que tocara mi lugar en la fila de mujeres de mi familia, no solo una frase para repetir. Si quieres leer más sobre eso, escribí sobre Ho'oponopono vs Sanación Ancestral para soltar traumas del pasado, y ahí entro más a fondo en cómo se integra el duelo cuando se trabaja con las dos herramientas juntas.
El lugar del PASE AlmaSana cuando apenas empiezas
Me topé con Consuelo, mi comadre de toda la vida, comprando verdura en el Mercado Benito Juárez, y me soltó la pregunta que más me hacen: "Mariana, ¿cómo vas a sanar frente a una computadora?". Ella es de las que no cree en nada que no pueda tocar con las manos, y la entiendo, porque suena raro hasta que lo vives. Le contesto que la pantalla es solo el cartero, el mensaje es lo que importa. Mi abuela usaba huevo de rancho y un manojo de albahaca; yo uso un video y mis audífonos, y la intención es la misma.
Comparado con el PASE AlmaSana, que es como una probadita de varias cosas, la Jornada exige profundidad desde el primer módulo. El PASE es bueno si todavía no sabes si lo tuyo es la astrología, los ángeles o el trabajo de linaje, es como pedir una probada de cada guiso antes de llenar el plato. Si ya sabes que tu tema es la herida familiar, no pierdas tiempo picoteando y vete directo a lo que duele. Yo pasé por esa etapa de querer saber de todo y terminar sin saber nada en concreto, como cuento en por qué elegí el PASE AlmaSana al principio de mi camino, y ahí hablo también de cómo saber si ya estás lista para dar el salto a un programa más profundo.
Mi primer Ho'oponopono que nunca arrancó
Mucho antes de encontrar lo que sí me funcionó, conseguí un PDF gratuito de Ho'oponopono que alguien me compartió, decidida a repetir las cuatro frases cada noche. Duró cuatro días. No tenía estructura, ni recordatorio, ni nadie que me preguntara cómo iba, y las cuatro frases se volvieron un pendiente que fui posponiendo hasta que dejé de intentarlo del todo. Con el tiempo entendí que lo ancestral y el Ho'oponopono no compiten entre sí, se complementan, y ya escribí por separado sobre por qué conviene combinar ambas prácticas en vez de escoger solo una para toda la vida.

La mística espontánea para las mentes preguntonas
Otra cosa que me hizo quedarme en casa este año fue la sencillez: los retiros presenciales a veces se llenan de gente que solo va por la foto o por el ambiente. A mis años ya no ando para eso, busco lo que funciona de verdad. El Curso sobre Mística Espontánea me pareció una maravilla para las que tenemos la mente muy preguntona, para cuando lo espiritual no encaja del todo en ninguna religión ni en ningún manual, aunque a veces se queda un poco en el aire, más filosofía que ejercicio concreto. El trabajo de linaje que propone la Jornada es tierra pura: reconocer el olor de la cocina de la abuela en tus propias manos, no solo pensarlo.
Abrir una limpia es fácil; cerrarla es el trabajo
Aprendí, apenas empezando, a limpiar mi espacio con copal, no para espantar fantasmas sino para invitar claridad. El copal se apaga con un aroma dulzón que se queda pegado a la ropa, y ese es mi aviso de que ya toca cerrar la sesión, no solo abrirla. Una vez hice una limpia de esas que remueven fuerte y di por hecho que con abrir el espacio bastaba; dejé el cierre a medias porque se me hizo tarde para otra cosa. Pasé varias noches con el sueño ligero y una inquietud que no lograba ubicar, hasta que regresé a terminar el cierre como se debe. Ahí aprendí que cualquiera puede abrir un espacio, cerrarlo bien es la parte que de verdad requiere disciplina.
¿Ritual con arcángeles o papel de certificación?
Si te resuena más lo simbólico y lo angelical, la Sanación con Llama Trina es preciosa y tiene mucha fuerza si conectas con los arcángeles; si lo que buscas es poner orden en lo que dejaron los que se fueron, la sanación ancestral pura es otra puerta. Y si tu meta final es colgar un papel en la pared, ahí sí hay que hablar claro: hace un tiempo saqué la Certificación en Llama Trina pensando en abrir una pequeña consulta, y ese papel terminó guardado en un cajón, porque entre el trabajo, la casa y mis propios encargos nunca saqué el tiempo para atender clientes de forma regular. No me arrepiento de haberla sacado, pero sí aprendí que certificarse y estar lista para ejercer son dos cosas distintas, y conviene tener claro cuál de las dos buscas antes de pagar la matrícula.

¿Para quién es realmente la Jornada hacia el Alma?
No te voy a mentir: no es para todas. Si necesitas que alguien te esté agarrando la mano todo el tiempo, o si no tienes ni una hora a la semana solo para ti sin que nadie te interrumpa, mejor ahorra para el retiro presencial, ahí sí te obligan a estar. En casa la disciplina es tuya: decidir que el piso puede esperar a ser trapeado porque tu alma necesita esa lección hoy.
Al final, sanar es un acto de soberanía doméstica: decidir en qué gastas tus horas y tus pesos. Elijo la Jornada hacia el Alma porque me deja ser hija, madre y mujer que trabaja, todo al mismo tiempo, sin pedir permiso para subir a una montaña a buscar lo que siempre ha estado aquí, entre las paredes de mi casa. La pregunta de fondo nunca fue presencial contra pantalla, sino qué tan hondo tocas la herida de linaje en cualquiera de los dos formatos, y eso lo desarrollo con calma en las opiniones reales sobre Jornada hacia el Alma que he ido recopilando. Tú conoces tu casa y conoces tu bolsillo: elige lo que te deje dormir tranquila hoy.