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Protección energética para blindarte de ambientes densos en el trabajo

Protección energética para blindarte de ambientes densos en el trabajo

Llego a mi casa después de la chamba sintiendo que algo se me quedó pegado, sin lograr nombrar qué fue ni de quién lo cargué. Todavía no tengo esa respuesta clara casi ningún día, y después de dos años dedicada a la sanación ancestral puedo decirte una cosa: esa pregunta no se resuelve con un ritual de cinco minutos antes de salir de la oficina. La protección energética, cuando de verdad funciona, se parece más a una costumbre diaria que a un hechizo de una sola vez.

La protección energética empieza siendo una esponja

Desde que mi mamá murió en 2021 traigo los poros más abiertos de lo normal, como si me faltara una capa que antes filtraba lo ajeno sin que yo hiciera nada. En la oficina eso se nota feo: llego bien a las nueve y para la hora de la comida ya cargo el enojo de mi jefe, el miedo de la compañera que teme el recorte, hasta la tristeza de alguien que ni siquiera me dirigió la palabra. Probé de todo para frenar esa esponja. Un podcast de mindfulness para el estrés laboral, de esos que repiten "respira y suelta" cada diez minutos, me acompañó de fondo durante semanas enteras, pero nunca, ni una sola vez, tocó lo que de verdad pesaba: el duelo por mi madre disfrazado de cansancio de oficina. No todo lo que suena a bienestar laboral sirve para lo que a mí me dolía, y eso me costó entenderlo.

Mano sosteniendo ruda fresca como protección energética frente a un fondo borroso de oficina

Mi abuela sacudía el cansancio ajeno de los vecinos con un manojo de ruda, sin llamarlo trabajo ni nombrarlo siquiera. Llevarme la maceta al cubículo, claro, no es opción si quiero conservar el puesto. Así que tuve que traducir lo que vi hacer de niña a algo que cupiera en un bolsillo de pantalón de oficina. Hay semanas —las de cierre de trimestre, cuando todos andan con el miedo del recorte rondando— en las que el ambiente se puede cortar con un cuchillo, y ninguna frase bonita de LinkedIn arregla eso.

¿Qué hace una turmalina en mi bolsillo?

En una de esas semanas empecé a cargar, en la bolsa derecha, una turmalina pequeña, rugosa y fría al tacto. No voy a fingir que domino la ciencia detrás de por qué una piedra ayuda a alguien a no desbordarse en una junta; lo que sé, porque lo vivo todos los días, es que tocarla me regresa al cuerpo justo cuando la conversación se pone densa. Mi abuela decía que el bostezo repentino es el cuerpo tratando de sacar el aire que no le pertenece, y yo todavía bostezo así, feo y sin aviso, apenas sale de mi espacio alguien cargado de quejas. La piedra no hace el trabajo por mí: su peso ahí, escondido, nomás me recuerda que mi centro está en otra parte, no en ese escritorio gris.

Primer plano de cristal de turmalina negra usado como herramienta de limpieza espiritual

Tengo una amiga que siembra milpa en el terreno de su suegra, allá en Milpa Alta, y cuando la llamo entre junta y junta la oigo con las manos metidas en tierra de verdad, no en sentido figurado. Le digo en broma que ella tiene la ventaja: puede meter los pies descalzos en su parcela, y yo lo único que tengo es una piedrita escondida en un pantalón de vestir. Pero tampoco se trata de competir con la tierra. Se trata de hallar mi propia versión de ese arraigo dentro de un cubículo con aire acondicionado, que es otro tipo de suelo, menos generoso pero el que me tocó. He aprendido que cómo recuperar tu fuerza y energía interior tras el agotamiento emocional no depende de un ritual de una hora, sino de estos micro-momentos de conciencia repetidos sin falta.

Deja de blindarte como fortaleza

Aquí tengo que admitir que mi primer juicio sobre esto estaba equivocado. Al principio yo buscaba blindarme por completo, levantar un muro de concreto alrededor de mi energía, como si entre más grueso mejor. Pero resulta que cuando te blindas así también dejas fuera lo bueno: te vuelves una fortaleza aislada, y dejas de percibir las oportunidades de colaboración o los gestos amables de la gente que sí vale la pena tener cerca. Qué onda con eso, pensé, si al final me iba a quedar más sola que protegida. La protección energética real no es un muro de indiferencia; es más bien una permeabilidad consciente, un filtro en vez de una pared.

Manos descansando en un escritorio de oficina junto a un cristal pequeño de protección energética

Un filtro deja pasar el aire pero se queda solo con el oxígeno. En mi práctica esto significa reconocer qué cargas no me pertenecen. Si un compañero llega destilando veneno, lo escucho, porque es parte de mi chamba, pero mentalmente devuelvo esa energía a la Pacha, a la tierra, para que ella la transforme; no me la quedo yo para cenar con ella en casa. Esa limpieza espiritual, la de todos los días y no la de ocasión especial, fue lo que de verdad me sirvió, más que cualquier curso con nombre bonito. Seguí buscando material serio sobre el tema y encontré algo útil en la protección energética real con la certificación de llama trina online, que me ayudó a entender que protegerse no es pelear, sino subir la propia frecuencia hasta que lo denso ya no encuentra dónde agarrarse.

Para la semana siete, algo había cambiado

Antes de salir rumbo a la oficina prendo un poco de copal en un sahumador de barro, nomás los segundos que tarda en calentarse, lo justo para que la casa no huela a prisa sino a algo más viejo que yo. Para cuando la brasita se enfría ya voy por la puerta. No sé si eso cuenta como ritual o nomás como costumbre heredada, pero lo hago igual. Para la semana siete de cargar la turmalina y de no tragarme lo que no me pertenece, le leí el péndulo a una vecina que andaba preocupada por su hijo, y noté algo que antes no pasaba: mis manos no temblaron. No fue un rayo que me cayó encima ni una revelación de esas que cuentan en los retiros; fue, nomás, que mi cuerpo ya sabía sostenerse sin apretar los hombros todo el día.

Mira, yo no soy terapeuta ni tengo licencia de salud mental, y si sientes que el trabajo te está empujando hacia una depresión o una ansiedad clínica, ve con un profesional, no te creas que una piedra en el bolsillo sustituye eso. Lo que comparto aquí es mi experiencia de cocina, de mujer que ha tenido que aprender a sobrevivir al cinismo corporativo sin perder la herencia de paz de su abuela. Blindarse no es dejar de sentir; es aprender a no marchitarte antes de que termine el turno, para que cuando llegues a casa todavía te quede algo de ti misma para repartir.

Tenga en cuenta: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.

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